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Capital 21

Carlos Pellicer: ‘Simón Bolívar y el agua luminosa’

En el marco del aniversario del natalicio del poeta y político Carlos Pellicer Cámara, Capital 21 le rinde homenaje con un texto especial

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Con motivo del 125 aniversario del natalicio del escritor y poeta Carlos Pellicer Cámara, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México le rinde homenaje en el Palacio de Bellas Artes a partir de las 10:00 horas de este domingo 16 de enero; la ceremonia se transmitirá en línea a través del perfil de Facebook de la Secretaría de Cultura (/SecretariaCulturaMX) y de las redes sociales del Gobierno de México.

Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador ofrecerá un mensaje especial en honor al también profesor, museógrafo y político mexicano originario de Tabasco, se difundirá como parte de este acto público.

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Capital 21 le rinde homenaje a Carlos Pellicer con un texto especial que rememora sus andanzas y legado cultural, social, político y de magisterio.

El espejo de Eugenia: ‘Carlos Pellicer: Simón Bolívar y el agua luminosa’

Aquel hombre que celebraba la vida con palabras sueltas al viento, mensajes mojados, vocablos quemados, cumpliría el 16 de enero, ciento veinticinco años. Ni en valles de longevidad ni en el sacrosanto altar de los inmortales lo invocamos, sino en las manos de los proletarios, en el sudor de los trabajadores, en el Grupo Solidario del Movimiento Obrero, porque sus poemas de amor y de esperanza, sin fecha de caducidad, versos conmovedores y sonámbulos, permanecen en la memoria de Tabasco, de México y América.

Al festejar a las flores y entre ellas al lirio, no lo hizo rebuscando el aroma, sino la piel tostada y lustrosa del jardinero; no cantó al copón de la liturgia, sino al cáliz que seduce al portador del polen; no hizo del verdor el color de la calma, sino que allí, en el vergel de la historia, plasmó nuestro rostro diverso pintado por el tiempo y la sombra:

El pueblo mexicano tiene dos obsesiones:

el gusto por la muerte y el amor a las flores.

Antes de que nosotros habláramos “castilla”

hubo un día del mes consagrado a la muerte;

había extraña guerra que llamaron florida

y en sangre los altares chorreaban buena suerte.  

[1] Carlos Pellicer; Discurso por las flores

No ahondó en poesía críptica, por el contrario, enalteció su poética con aquella hermosa palabra y en desuso: civismo.  Sus ojos continentales descubrieron en Bogotá, ciudad en la que residió por dos años en plena juventud, a la figura que habría de poblar su concepto de justicia: Simón Bolívar. A su regreso a México, tras fundar,  junto a su amigo Germán Arciniegas, la Federación de Estudiantes de Bogotá, editó la revista El Heraldo de la Raza, en la que consigna, a manera de preludio, su vocación y su convicción anti imperial: Nuestra revista se ha fundado para exigir la libertad absoluta de la República Dominicana, y para dar a conocer al público de México, la obra estupenda de Bolívar, libertador de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú y fundador de Bolivia, ratificador de la libertad continental. Si no es usted egoísta, si aún considera usted que el patriotismo es cosa noble y sin mudanza, compre usted este periódico, fuerte porque es libre y hermoso porque está basado en la invocación de Bolívar, el más generoso de los hombres y el más grande de los héroes.

[2] “Presentación” El Heraldo de la Raza; año 1, núm. 1, septiembre de 1921.

Juan José Arreola, al pintar un breve retrato de Pellicer, escribió: Sus amores de juventud, y de toda la vida, son ya Bolívar y los Andes, Morelos y el Valle de México, el Amazonas, Uxmal y el Tequendama. Hoy recordamos con fervor al poeta, museógrafo y maestro. Hoy, que los hechiceros de tribus y clanes de apóstatas reniegan del bolivarianismo, pervive su pasión por el Libertador; permanece incólume y a la vez rebelde su palabra sonora en su Tríptico azteca y la tristeza heroica de la conquista; nos queda el agua luminosa de sus versos de patria, cuando nos ofrenda sus Líneas por el Che Guevara:

Bolivia es Bolívar y el Sol es Bolívar.

Los Andes amontonan la soledad de la altura

y la aglomeración de la selva sesiona día y noche.

Ideas.

Acciones.

La selva está allá abajo con sus fábricas de vida

y en muy altos subterráneos se construye la muerte.

(…)

Su muerte viva nos llama a todos,

es la llama que anuncia el fuego nuevo,

es la participación necesaria y dichosa

para no morir de sueños.

En el misterio de la poesía, de la palabra andante y peregrina, por sobre tiempos y fronteras, Carlos Pellicer relumbra con su voz de terciopelo púrpura. Algún día se hará realidad su profecía:

Cuando los pueblos no padezcan hambre, el único heroísmo será el de los poetas.

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EL ESPEJO DE EUGENIA: Guanajuato

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Quanaxhuato, tierra de ranas, llamaron los purépechas a esta región montañosa, cuya capital contemporánea, Guanajuato, es capaz de producir, a cualquier edad y en cualquier tiempo, deslumbramiento y asombro.  

Cómo no maravillarse ante una ciudad gruta. Inundaciones, pestilencia y pestes eran las características que convertían a Guanajuato en caverna húmeda y maloliente, al tener al río Guanajuato, depositario de agua residual e inmundicia, por debajo de las construcciones. Para desaguar y reorientar el río se necesitaron dos siglos. Con tecnología y mano de obra exclusivamente mexicana, el río fue canalizado por debajo de su cauce natural, que fue convertido en subterráneo dando paso a la construcción de ocho kilómetros de túneles que configuran un laberinto oscuro de piedra y leyendas. Lo que más impresiona de este socavón gigante es la avenida Miguel Hidalgo, que cruza el centro histórico y conecta con ramales que permiten el flujo del tránsito sin que se ocupen vías y callejones por los cuales solo pueden transitar personas, por lo angosto de los mismos. En la ciudad y en las cuevas no hay un solo semáforo y solo la educación integral de la ciudadanía permite la evacuación organizada del transporte: pasa uno y cede, pasa otro y cede.

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Las atracciones van desde las minas hasta las momias. En la mina La Valenciana descendimos ochenta metros por un graderío dispuesto a 45º, que requiere pericia y cuidado. El guía, que ha perdido sus cartílagos por el esfuerzo de bajar y subir 150 escalones varias veces al día, señala la importancia de la minería en la historia de la ciudad. La explotación se inició en el siglo XV con la llegada de los españoles y quinientos años después las empresas canadienses continúan con su codicia depredadora. No todo lo que brilla es oro, porque el enfisema pulmonar se llevó la vida de millares de indígenas esclavos, mineros y trabajadores.

Tras ascender hacia la colina, aparece un modesto museo, célebre desde que la película Santo contra las Momias de Guanajuato, producida en 1972, tuviese un impacto mundial. Tiempo atrás habían sido descubiertas las osamentas de los pobres que repletaban el panteón y, al carecer del dominio de las tumbas a perpetuidad, debían ser arracimadas en fosas comunes. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que los cadáveres, al ser enterrados en cajas selladas y sin que el oxígeno los invadiera, se habían conservado prácticamente intactos. Truculencia y espanto se entremezclan y, con esas singularidades, el film tenía asegurada audiencia, además de contar con los mejores exponentes de la lucha libre mexicana: El Santo, Blue Demon, Milx Máscaras. Al observar con cierta repulsión y lástima a las momias, recordé aquel poema que Fernando Nieto Cadena, quien vivió y murió en Villahermosa, Tabasco, dedicase al Santo, luchador insigne que falleció en 1984 y fue inhumado bajo el alias de Rodolfo Guzmán Huerta:

Moría un retazo de infancia, hoy se va enmascaradamente hacia la tumba.

En las calzadas de piedra antigua no hay rastros de colillas ni goma de mascar. El empedrado luce diáfano, abrillantado por barredoras y transeúntes, cómplices de la pulcritud. Ni siquiera el Museo de la Inquisición con sus salas de tortura es capaz de espantar, salvo porque los herederos del Santo Oficio, devenidos fascistas de toda ralea, vestidos de demócratas, con sus doncellas de hierro, potros, horquillas para herejes y garrote vil, pululan a la caza de su oportunidad para imponer su oscurantismo en pleno siglo XXI.

Entre seis de la tarde y doce de la noche estalla en cualquier bocacalle o plazuela la música de mariachis, tunas, estudiantinas. Turistas del país o del extranjero se alborotan para formar la comparsa que transita por recovecos. Cantamos entonces: Dos besos llevo en el alma, llorona/, que no se apartan de mí/. El último de mi madre, Llorona/, y el primero que te di/. Lágrimas trizan las mejillas desoladas y un mezcal de medianoche sirve de bálsamo y consuelo. Al llegar al Callejón del Beso, el amor cobra vida y nos hace creer que durará por siempre.

En una plazoleta me encuentro con la estatua del Charro Cantor, Jorge Negrete, nacido en Guanajuato en 1911 y desaparecido con solo cuarenta y dos años en Los Ángeles, California. Emblema de la música ranchera, su muerte se produjo como consecuencia de cirrosis hepática, sin haber ingerido jamás un trago de licor. De vasta cultura, con dominio de seis idiomas, fundador del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, Negrete contrajo matrimonio en 1952 con María Félix en la llamada Boda del Siglo. Al observar su rostro en el bronce, volé hacia la infancia y al recuerdo de la anécdota familiar. Una tía abuela, afectada de Parkinson, y al parecer dislexia, cuidaba con esmero una fotografía que reposaba en su velador. Cuando mi madre procedió a limpiar y arreglar la habitación, la viejecita puso el grito en el cielo: ¡Me han robado la foto del negro Jorgete! Entonces mi hermano mayor se dio a la tarea de rebuscar por todo lado aquella imagen, hasta que la encontró bajo el catre.

¿Será acaso esta foto?
-¡Esa es! dijo ella, complacida.  

No era ningún negro Jorgete, se trataba de Jorge Negrete.

Entre 1972 y 1973 el profesor de la Universidad de Guanajuato, Enrique Ruelas, puso a temblar las piedras. Sacó el teatro de proscenios para convertir la ciudad en escenario propicio para rendir tributo a Miguel de Cervantes, y, a través de su figura, a las letras universales. Desde entonces, el Festival Cervantino acoge, en los barrios y teatros como el Benito Juárez, el Principal, Auditorio la Alhóndiga de Granaditas (antiguo granero), las Catacumbas del Mesón de  San Antonio, Teatro Cervantes, entre tantas otras locaciones, a expresiones del arte mundial. 

Más que en Alcalá de Henares, parecería que Cervantes nació en Guanajuato. Eulalio Ferrer Rodríguez, quien llegó a México bajo el status de asilado tras la Guerra Civil Española, fue el promotor, impulsor y coleccionista que dio origen al Museo Iconográfico del Quijote, que cuenta con un acervo de más de mil piezas dedicadas a la memoria del Hidalgo. En cada sala se respira aires de libertad, locura, candidez. He sentido un impacto demoledor en obras como Aquí estoy, siempre estoy, de la mexicana Rocío Sandoval, que nos ilustra a un Quijote con la mirada extraviada, sin halo de esperanza; de igual manera el óleo de Elvira Gascón, de Soria, España, al presentarnos a un  Quijote derribado, no vencido, que tiene más de León Felipe que de orate; Octavio Ocampo, a la manera de Arcimboldo, mezcla rostros, lanzas, molinos, cabello alborotado, caballos y paisaje, en su obra Visiones del Quijote.  El Quijote de Guanajuato es como un bálsamo de fe, necedad, convicción y esperanza para quienes luchan por cambiar este feo mundo inmundo.

Finalmente, la casa de la calle Positos 47 en la que nació el 8 de diciembre de 1886 el genial Diego Rivera. Con mobiliario, enseres y artilugios de la época, observamos el espacio en el que se desarrolló la primera infancia de Rivera. Y en el edificio, convertido en museo, ciento dos obras originales no catalogadas en redes ni plataformas digitales y, consecuentemente, generadoras de sorpresa y fascinación. La Cabeza Clásica, pintada por Diego a los once años de edad es prueba fehaciente de un espíritu y pincel casi sobrenatural; naturalezas vivas junto a las cunas que acogieron a Diego y a su hermano gemelo Carlos María, fallecido al año y medio de nacido; los dibujos de Dolores Olmedo y Frida Kahlo desnudas, excepcionales muestras de un lápiz con vida propia. 

Habría tanto que agregar sobre Guanajuato, cuna de la Independencia, pero ni el papel ni la memoria aguantan todo. Por eso es mejor alistarse para visitar esa tierra de magia y sortilegio.

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EL ESPEJO DE EUGENIA: Las travestidas de la guerra

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Se cumplen en mayo doscientos años de las batallas de Bomboná y Pichincha que, lideradas por Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, sellaron la independencia del sur del continente. Al cumplirse el bicentenario cabe recordar a las invisibles, mujeres patriotas ignoradas o apartadas de la galería de los emancipadores, marginación clasista de las mujeres para acceder al sistema de símbolos,  como llamó la historiadora Gerda Lerner al régimen patriarcal.

A lo largo de la historia, que es también la historia de las guerras, las mujeres han sido víctimas subordinadas a los jerarcas que impulsaron o suscribieron invasiones, conquistas, colonización o exterminio. No obstante, sin que haya existido siquiera la opción de convertirse en objetoras de conciencia, muchas de ellas se involucraron,  tomaron partido por patria o bandera y regaron los campos con su sangre.

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Esa historia, escrita por hombres y vencedores, recoge de manera parcial ejemplos conmovedores en diversas regiones del planeta, en las que la impronta de mujeres con apariencia y ropaje de soldados, sayones, húsares o milicianos, marcó épocas, leyendas y aventuras, porque era indispensable travestirse y encubrirse para el sacrificio o el combate, de ahí que hasta las amazonas mitológicas, con su lideresa Hipólita a la cabeza, aparezcan en grabados con apariencia varonil.

Hua Mulan, es el nombre de la adolescente que se vistió de varón para reemplazar a su padre anciano en la guerra contra las invasiones nómadas. Hoy la leyenda china ha sido aprovechada por los circuitos cinematográficos Disney que la han convertido en saga fílmica y video juego; de rostro imberbe, Catalina de Erauzo, nacida en San Sebastián en 1592, empezó a vestirse de hombre a los once años y muy joven viajó hasta el Nuevo Mundo. De gran estatura, sin pechos gracias a un emplasto, ocultó su identidad y se dedicó a sus aficiones: el florete, los naipes, los desafíos con bandoleros, así obtuvo en Lima el grado de alférez, ciudad donde tras un duelo de espadas dio muerte a su propio hermano. En otra reyerta, y al ser herida de gravedad, los médicos certificaron que se trataba de una mujer. Murió en circunstancias jamás aclaradas en Veracruz.

En la tercera década del siglo XVIII, Hanna Snell se hizo pasar por cocinero para ingresar a la marina británica. Combatió en la India a las tropas francesas y solo reveló su secreto al regresar a Londres muchos años después. Ningún Robert Shurtleff, dijo un soldado, al referirse a quien combatiera durante diecisiete meses en el ejército continental de George Washington. Era, subrayó: una hembra llamada Déborah Sampson la que se había alistado fingiendo la identidad. Tras la denuncia fue separada y excomulgada. 

Dorothy Lawrence, gracias a sus amigos milicianos a los que llamó cómplices caquis, se transformó en el soldado Denis Smith y así participó en las trincheras de la Primera Guerra Mundial en el ejército inglés; Milunka Savic reemplazó a su hermano que había sido convocado para alistarse en el ejército serbio y participó en  enconadas batallas. Cuando se develó su identidad, ya había sido ascendida a cabo y es la mujer con mayor número de condecoraciones en la historia, entre ellas, la Legión de Honor de Francia. Durante la dominación nazi estuvo un año recluida en el campo de concentración de  Banjica, Belgrado. 

En nuestro continente los ejemplos son múltiples. En la lucha independentista las mujeres patriotas, las guarichas, calificativo aplicado a las cónyuges de los soldados republicanos, eran destinatarias de injurias y afrentas, como estas líneas que partidarios de la corona española endilgaban a las rebeldes:

¿Quién mis desdichas fraguó? Tudó.
¿Quién aumenta mis pesares? Cañizares.
¿Y quién mi ruina desea? Larrea.
Y porque así se desea. Querría verlas ahorcadas
Cañizares, Larrea. (1)

En el Quito franciscano de inicios del siglo XIX, Josefina Tudó, Teresa Larrea y Manuela Cañizares eran las víctimas del ultraje, multiplicado por ser mujeres, partidarias o dirigentes de la insurrección.

Pese a que en 1819 el general Francisco de Paula Santander hiciese expresa la prohibición a mujeres para participar en las batallas, muchas se dieron modos de estar junto a maridos, hermanos y padres para acompañarlos en aventuras y desventuras. Santander había proclamado su heraldo de castigo: No marchará en la división mujer alguna, bajo la pena de cincuenta palos a la que se encuentre. No obstante la advertencia, muchas guarichas se enlistaron para armar campamentos, servir como informantes o cocinar para la tropa, tareas a ellas designadas por suboficiales; otras, armas en mano, debieron ocultar su feminidad para no ser marginadas, los casos de los presuntos soldados llamados Manuel y apellidados Jurado, Esparza y Jiménez que combatieron en la Batalla de Pichincha. Cuando Jurado fue herido, se descubrió que se trataba de una muchacha llamada Nicolasa. Sucedió igual con los otros, de nombre real Gertrudis e Inés. Fueron ascendidas por Sucre al grado de tenientes tras develarse su verdadera identidad. 

Al mando de un batallón de trescientos esclavos, un soldado de voz fina logró quebrar el asedio de las fuerzas realistas en el estado de Coro, Venezuela en 1821. El líder rebelde era, en realidad, Josefa Camejo, nacida en Falcón; en Salvador de Bahía creció María Quitéria de Jesús, quien se enlistó en las fuerzas independentistas brasileñas bajo el sosías de soldado Medeiros. Desarrolló su carrera militar gracias a su habilidad con las armas, razón por la cual, y pese a que su padre descubrió su estratagema, fue ascendida al grado de alférez, convirtiéndose en la primera heroína patriótica de su país.

En las poblaciones de Gameza, Pantano de Vargas y Boyacá, Colombia, la presencia de mujeres combatientes fue inevitable, de ahí el registro de la valentía y arrojo de María Josefa Díaz, madre del mártir Atanasio Girardot; de igual manera, Teresa Cornejo, Manuela Tinoco, Rosa Canelones y la capitana Evangelista Tamayo, quienes siguieron el ejemplo de Policarpa Salavarrieta, la Pola, asesinada a los veintidós años. Salavarrieta exclamó, antes de morir fusilada en plaza pública a manos de los españoles, la mañana del 14 de noviembre de 1817 en Bogotá:

¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde. Ved que, mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. ¡No olvidéis este ejemplo! Muero por defender los derechos de mi patria.

Cabe aquí el recuerdo del sargento Amaya, que en el sitio de Paya, hoy municipio de La Libertad, Colombia, llamó la atención del comandante Arredondo por la voz delicada con la que ordenaba a las tropas locales asistir al ejército libertador. El triunfo arrasador de las fuerzas emancipadoras, que provocó la celebración de Bolívar, trajo la nueva: el sargento Amaya era, en realidad, Simona. Al ser revelada su naturaleza, confrontó a su jefe al decirle de manera altiva: Coronel, aquí no hay una mujer desvalida y temerosa. Aquí hay un soldado de la patria listo para el combate. (2) Hoy, a doscientos años de la gesta, y ante el desdén y abandono de las autoridades colombianas, un letrero en el pueblo de Simona Amaya sintetiza la historia: Bienvenidos al Bicentenario del Olvido.

En una nueva entrega hablaremos del sacrificio y heroísmo de las soldaderas durante la Revolución mexicana.

 (1) Andrango-Walker Catalina; La identidad ecuatoriana a partir de la música  y la poesía popular de la guerras de la independencia; Araucaria, Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades; 2011; Vol. 13; Nº25; p. 108-125.

(2)  Jorge Alberto Dehaquiz Mejía y Luz María Gutiérrez de C; La sargento y el soldado niño; Bucaramanga; 2019; p. 13; https://dehaquizgutierrez.files.wordpress.com/2020/04/la-sargento-y-el-soldado-nic391o.pdf

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“No somos ‘los olvidados’ del oriente”: entrevista con Jesús Villaseca, director de la Escuela de Cine Comunitario Pohualizcalli

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“Nunca, jamás”, sostiene Jesús Villaseca Chávez, fotoperiodista oriundo de Iztapalapa con 19 años de experiencia, cuando se le pregunta si imaginó alguna vez que existiría en la alcaldía una escuela de cine y fotografía gratuita. 

Ubicada al interior de la Utopía Papalotl, la Escuela de Cine Comunitario y Fotografía Pohualizcalli, de la que Villaseca Chávez es director, se inauguró en agosto de 2020 en plena pandemia y ante la limitación de arrancar con clases a distancia; no obstante, casi 800 alumnos, de los cuales más del 80 por ciento viven en la demarcación, se inscribieron a los primeros cursos gratuitos. 

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“Nací en Iztapalapa y aquí jamás tuvimos opciones de aprender fotografía y mucho menos gratis. Cada quien tenía que salir,  había pocas oportunidades y siempre nuestra comunidad  fue un poco como el patio trasero de la Ciudad de México, y hasta ahora se nos está haciendo justicia con esta política social que se está implementando. La gente se volcó y está feliz: deporte, cultura, recreación, entretenimiento, rescate de espacio públicos, el alumbrado público, hay tantas cosas que no acabaríamos de todo lo que se está haciendo”, cuenta Villaseca Chávez en exclusiva para Capital 21 desde el interior de Papalotl. “Y desde luego en Cine y Fotografía estamos muy contentos; no es que a nuestra gente de Iztapalapa no le guste el cine o la fotografía, simplemente lo veía muy lejano por las cuestiones monetarias y aquí, insisto, de muy buena calidad y gratuito, no les cuesta nada. Hay equipamiento, tenemos cámaras, tenemos laboratorio de foto, tenemos computadoras, tenemos lo necesario y estamos haciendo cosas increíbles”.

Un año y medio después, y tras pocos meses de que la sociedad volviera a sus actividades cotidianas de forma paulatina, Pohualizcalli recibió más de 3 mil solicitudes para inscribirse y la sorpresa fue mayor cuando entre los solicitantes encontraron a personas de diversas partes de la República y el mundo, como Colombia, Argentina, Perú, Bolivia, Guatemala, y uno que otro alumno de Italia, Francia, España e Indonesia, cuenta Jesús Villaseca ahora desde una de las aulas de la Escuela de Cine y Fotografía que pronto podrían ser insuficientes ante la demanda que existe, un problema que el director de Pohualizcalli ve con entusiasmo como una oportunidad para pensar formas creativas en donde el espacio sea el menor de los problemas pues, sostiene, el cine se hace en las calles.

¿Cómo surge este proyecto?

Este proyecto surge porque yo estuve trabajando 16 años en Faro de Oriente, de aquí de Iztapalapa, aunque depende del gobierno de la Ciudad de México, del área de Cultura directamente. A nuestra alcaldesa la conocemos desde hace muchos años, viene de la lucha social,  por eso a mucha gente le cuesta trabajo entender la política que ella lleva; lo que ella hizo fue transformar la lucha social en política social, le interesa mucho nuestra comunidad. Ahí surge una propuesta de parte de nuestra alcaldesa para poder armar un proyecto, así surge la Escuela Pohualizcalli, un proyecto comunitario, quizá alejado un poco de las grandes instituciones como el CUEC, el CCC, ahora la ENAC, también, y otras, con la intención de atender al mayor número de nuestra comunidad, de nuestra población, y también sabiendo lo difícil y lo caro que es estudiar cine y fotografía.

¿Qué es una escuela comunitaria?

Es llegar a la gente que nunca tuvo la posibilidad. Principalmente hacia allá va enfocado nuestro proyecto, precisamente por eso, por lo caro que era, y tratar de atender al mayor número de población, de nuestros jóvenes y no tan jóvenes, tenemos gente jubilada también. Y sirve un poco, como lo ha dicho la alcaldesa, para pacificar nuestra alcaldía. No lo podemos ocultar, sabemos que hay violencia, pero creemos que estos proyectos son la única vía: el arte, la cultura, el deporte, son la única vía para que nuestros jóvenes tengan diferentes alternativas y se apoderen de los espacios públicos. A eso le llamamos comunitario, donde cabemos todos, eso es comunidad, crear comunidad. 

¿La cultura, el deporte, son las vías para la seguridad?

Yo voy con la cultura definitivamente, 18 años he trabajado y hemos visto resultados increíbles, es decir, hay que irnos a la base de la problemática, si atendemos el problema como lo estamos haciendo aquí, desde raíz, da muchos mejores resultados. Y los resultados han sido esos: trabajar de cerca con la comunidad. Aquí a los maestros sí les pedimos calidad, trayectoria, capacidad para poder ofertar y dar clases, que su sistema pedagógico sea interesante, su plan de estudios sea atractivo, pero lo principal es que sean empáticos con nuestra comunidad, y nuestra comunidad se ha volcado impresionantemente porque lo que hicimos fue sí, clases gratuitas, por lo que siempre hemos luchado: clases gratuitas pero de calidad.

El espacio público por y para la comunidad.

La Escuela de Cine Comunitario y Fotografía Pohualizcalli forma parte de la Utopía Papalotl, ubicada donde antaño fue el mercado de compra venta ilegal de autopartes más grande del país, conocido como La Ford, en la Colonia Reforma Política, un predio que fue expropiado por el gobierno del entonces Distrito Federal hace 14 años, pero no fue hasta 2020 que comenzó la edificación de las Unidades de Transformación y Organización Para la Inclusión y Armonía (UTOPÍAS), un programa de la alcaldía Iztapalapa, gobernada por la morenista Clara Brugada, cuyo objetivo es la recuperación de espacios abandonados para la creación de parques públicos.

“Yo conocí este lugar cuando tenía 8, 9 años. Yo vivo en el Cerro de la Estrella y aquí fue el predio denominado la Ford; el predio de la Ford fue un mercado de refacciones usadas; hace muchos años las aseguradoras vendían lotes de autos chócados, algunos para reparar y volver a ponerlo en circulación y otros muy dañados para refacciones. Así empezó a surgir el mercado de los famosos deshuesaderos, empezó en Iztapalapa y de ahí se fue a muchos lugares. En el centro de Iztapalapa surgieron los primeros y después se vinieron extendiendo hacia esta zona y más adelante hay otros, y después se extendió. 

En este predio habían eran varias calles, la calle principal era la Ford, la Datsun, la Chevrolet, pero con el tiempo empezó a degenerar un poco el comercio de auto partes y se convirtió en un mercado muy poderoso de autos robados, y entonces vino un operativo en la gestión de Marcelo Ebrard como Jefe de Gobierno, y se hace el operativo y detectan aquí una cantidad impresionante de coches robados y se da por primera vez la extensión de dominio, es decir, por hacer mal uso de sus propiedades, el gobierno puede incautar, y es lo que se hace: se recupera este predio y ahora se lanza este gran proyecto de la Utopía Papalotl”. 

¿En qué se convierte este lugar tras su recuperación, hace 14 años?

Un baldío, hace tres años todavía era un baldío y después, con la gestión pasada de la alcaldesa, decide empezar a recuperar los espacios públicos y lanzar este gran proyecto de las Utopías. Crear estos espacios dignos de primer nivel, de primera calidad, gratuitos para que la gente aproveche estos espacios.

Otro gran ejemplo que te podría dar dentro de nuestra alcaldía es el Parque Cuitláhuac, fue el tiradero más grande de América Latina, por eso llamaban el tiradero; a los de Iztapalapa nos conocían por el tiradero y el viacrucis, y después por la violencia, la inseguridad, pero principalmente por el tiradero y el víacrucis. Impactaba hasta esta zona todo el tiradero, Santa Cruz Meyehualco, Leyes de Reforma, Renovación, muchas colonias. Ahora el Parque Cuitláhuac, nuestra alcaldesa le llama el Chapultepec de Iztapalapa, va a tener un gran lago, ya está terminando. Hectáreas y hectáreas a disposición de nuestra comunidad, todo gratis. 

Aunque parece que la conversación con Jesús Villaseca está alejada del eje central de Pohualizcalli, que es el cine y la fotografía, no es así. La Escuela de Cine Comunitario y Fotografía puede ser semillero de innumerables talentos… o no, puede que sea lo de menos. Su objetivo es otro: acercar y reconocer a la comunidad y que a su vez sea ésta la que decida qué hacer con sus recién apropiados espacios públicos. La mirada va en otra dirección. Y justo esa nueva dirección sea quizá la mirada que hace falta en los proyectos cinematográficos nacionales. 

Yo creo que sí ha habido clasismo, racismo, elitismo en el cine y es real. Todos lo sabemos. Qué bueno que existan escuelas que pueden llevar a cabo esta formación y esta preparación pero yo insisto, nuestro proyecto es diferente, nuestro proyecto es comunitario y precisamente lo que estamos haciendo y lo que queremos hacer es contar nuestras propias historias, no somos los olvidados, no hablo de ‘Los olvidados’ de Luis Buñuel, pero no somos los olvidados del oriente, ahora nosotros vamos a contar historias, nuestras propias historias, y de aquí seguramente saldrán grandes directores, grandes fotógrafos, grandes guionistas, artistas en general porque nuestra gente estaba ávida de una oportunidad y no la suelta. ¿Qué va a surgir con esto? Grandes historias, aquí hay historias para aventar para arriba y romper con esos clichés tradicionales del cine en todos los niveles. Aquí tenemos la oportunidad de contar nuestras propias historias y eso es un reto muy padre y nos llena de orgullo. 

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