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Cultura

Carlos Pellicer Cámara, destacado poeta, maestro y político mexicano; conoce su trayectoria

Desde pequeño descubrió su vocación como poeta; formó parte del movimiento de José Vasconcelo, marcó historia en las letras, la museografía, el magisterio y la política

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Carlos Pellicer Cámara fue un escritor, profesor y político mexicano, nació el 16 de enero de 1897 en la comunidad de San Juan Bautista, Villahermosa, Tabasco; fue senador por su estado desde el 1 de septiembre de 1976 hasta el día de su muerte, el 16 de febrero de 1977. 

Desde muy niño descubrió su vocación como poeta y escribió sus primeros sonetos. Cursó estudios en la Escuela Nacional Preparatoria; más tarde fue enviado (por el gobierno Venustiano Carranza) a Colombia para continuar sus estudios. 

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En 1918 fue cofundador de la revista San-Ev-Ank, un año después de Un Nuevo Ateneo de la Juventud; al regresar a México se desempeñó como secretario privado de José Vasconcelos, entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El haberse relacionado con intelectuales de posición importante le permitió a Pellicer llegar a ser agregado estudiantil para representar a México en Colombia y Venezuela, tarea que desempeñó con éxito.

Su relación laboral con José Vasconcelos lo llevó a colaborar con él durante su administración como Secretario de Cultura federal, previamente le dio oportunidad de ejercer como oficial en la UNAM y como profesor de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria.

En agosto de 1921 Carlos Pellicer, junto con Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Xavier Guerrero entre otros personajes de la época, fundó el Grupo Solidario del Movimiento Obrero

También fue profesor de poesía moderna en la UNAM y director del departamento de Bellas Artes. Impulsó la creación de los museos Frida Kahlo, el de La Venta y el de Anahuacalli de Diego Rivera.

Como escritor colaboró en las revistas Falange (1922-1923), Ulises (1927-1928) y Contemporáneos (1928-1931). A lado de Daniel Cosío Villegas impartió la materia de letras a vecinos de una vecindad de la colonia Peralvillo de la Ciudad de México.

Vivió cerca de tres años en Europa, donde estudió museografía en la Sorbona, oportunidad que surgió tras una invitación que le hiciera el poeta argentino José Ingenieros para visitar París. 

También puedes leer: Carlos Pellicer: ‘Simón Bolívar y el agua luminosa’

A su regreso a México se encontró nuevamente con Vasconcelos, y tras sumarse a las filas de su movimiento, Pellicer fue detenido en 1929; luego de salir de la cárcel se autoexilio para refugiarse en la poesía. 

Dos años después, a principios de 1931 editó el libro “Cinco poemas” y se integró como profesor de Historia de México, Historia Universal y Literatura Castellana en la Escuela Secundaria N.º 4, lugar que lo llevó a ejercer el magisterio durante 20 años. 

Tras dejar el ejercicio del magisterio, Carlos Pellicer se dedicó a organizar museos, se convirtió en un pionero de la museografía en México, labor que lo llevó a su natal Tabasco, donde organizó la reestructuración del Museo de Tabasco. 

Colaboró en el montaje del Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México, que se acababa de inaugurar. 

El 16 de mayo de 1952 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, poco después fue nombrado miembro de número, tomó posesión de la silla XXXI el 16 de octubre de 1953.

Como poeta, Pellicer fue un innovador, prueba de ello es que en septiembre de 1964 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura y Lingüística; perteneció a una generación de intelectuales mexicanos denominados ‘Los contemporáneos’, a los que se les atribuye haber aportado, desde Latinoamérica, un estilo literario de vanguardia.

En 1976 fue elegido senador de la República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), tras una campaña como candidato externo a ese partido.

Murió a la edad de 80 años en la Ciudad de México; sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Capital 21

EL ESPEJO DE EUGENIA: Guanajuato

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Quanaxhuato, tierra de ranas, llamaron los purépechas a esta región montañosa, cuya capital contemporánea, Guanajuato, es capaz de producir, a cualquier edad y en cualquier tiempo, deslumbramiento y asombro.  

Cómo no maravillarse ante una ciudad gruta. Inundaciones, pestilencia y pestes eran las características que convertían a Guanajuato en caverna húmeda y maloliente, al tener al río Guanajuato, depositario de agua residual e inmundicia, por debajo de las construcciones. Para desaguar y reorientar el río se necesitaron dos siglos. Con tecnología y mano de obra exclusivamente mexicana, el río fue canalizado por debajo de su cauce natural, que fue convertido en subterráneo dando paso a la construcción de ocho kilómetros de túneles que configuran un laberinto oscuro de piedra y leyendas. Lo que más impresiona de este socavón gigante es la avenida Miguel Hidalgo, que cruza el centro histórico y conecta con ramales que permiten el flujo del tránsito sin que se ocupen vías y callejones por los cuales solo pueden transitar personas, por lo angosto de los mismos. En la ciudad y en las cuevas no hay un solo semáforo y solo la educación integral de la ciudadanía permite la evacuación organizada del transporte: pasa uno y cede, pasa otro y cede.

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Las atracciones van desde las minas hasta las momias. En la mina La Valenciana descendimos ochenta metros por un graderío dispuesto a 45º, que requiere pericia y cuidado. El guía, que ha perdido sus cartílagos por el esfuerzo de bajar y subir 150 escalones varias veces al día, señala la importancia de la minería en la historia de la ciudad. La explotación se inició en el siglo XV con la llegada de los españoles y quinientos años después las empresas canadienses continúan con su codicia depredadora. No todo lo que brilla es oro, porque el enfisema pulmonar se llevó la vida de millares de indígenas esclavos, mineros y trabajadores.

Tras ascender hacia la colina, aparece un modesto museo, célebre desde que la película Santo contra las Momias de Guanajuato, producida en 1972, tuviese un impacto mundial. Tiempo atrás habían sido descubiertas las osamentas de los pobres que repletaban el panteón y, al carecer del dominio de las tumbas a perpetuidad, debían ser arracimadas en fosas comunes. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que los cadáveres, al ser enterrados en cajas selladas y sin que el oxígeno los invadiera, se habían conservado prácticamente intactos. Truculencia y espanto se entremezclan y, con esas singularidades, el film tenía asegurada audiencia, además de contar con los mejores exponentes de la lucha libre mexicana: El Santo, Blue Demon, Milx Máscaras. Al observar con cierta repulsión y lástima a las momias, recordé aquel poema que Fernando Nieto Cadena, quien vivió y murió en Villahermosa, Tabasco, dedicase al Santo, luchador insigne que falleció en 1984 y fue inhumado bajo el alias de Rodolfo Guzmán Huerta:

Moría un retazo de infancia, hoy se va enmascaradamente hacia la tumba.

En las calzadas de piedra antigua no hay rastros de colillas ni goma de mascar. El empedrado luce diáfano, abrillantado por barredoras y transeúntes, cómplices de la pulcritud. Ni siquiera el Museo de la Inquisición con sus salas de tortura es capaz de espantar, salvo porque los herederos del Santo Oficio, devenidos fascistas de toda ralea, vestidos de demócratas, con sus doncellas de hierro, potros, horquillas para herejes y garrote vil, pululan a la caza de su oportunidad para imponer su oscurantismo en pleno siglo XXI.

Entre seis de la tarde y doce de la noche estalla en cualquier bocacalle o plazuela la música de mariachis, tunas, estudiantinas. Turistas del país o del extranjero se alborotan para formar la comparsa que transita por recovecos. Cantamos entonces: Dos besos llevo en el alma, llorona/, que no se apartan de mí/. El último de mi madre, Llorona/, y el primero que te di/. Lágrimas trizan las mejillas desoladas y un mezcal de medianoche sirve de bálsamo y consuelo. Al llegar al Callejón del Beso, el amor cobra vida y nos hace creer que durará por siempre.

En una plazoleta me encuentro con la estatua del Charro Cantor, Jorge Negrete, nacido en Guanajuato en 1911 y desaparecido con solo cuarenta y dos años en Los Ángeles, California. Emblema de la música ranchera, su muerte se produjo como consecuencia de cirrosis hepática, sin haber ingerido jamás un trago de licor. De vasta cultura, con dominio de seis idiomas, fundador del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, Negrete contrajo matrimonio en 1952 con María Félix en la llamada Boda del Siglo. Al observar su rostro en el bronce, volé hacia la infancia y al recuerdo de la anécdota familiar. Una tía abuela, afectada de Parkinson, y al parecer dislexia, cuidaba con esmero una fotografía que reposaba en su velador. Cuando mi madre procedió a limpiar y arreglar la habitación, la viejecita puso el grito en el cielo: ¡Me han robado la foto del negro Jorgete! Entonces mi hermano mayor se dio a la tarea de rebuscar por todo lado aquella imagen, hasta que la encontró bajo el catre.

¿Será acaso esta foto?
-¡Esa es! dijo ella, complacida.  

No era ningún negro Jorgete, se trataba de Jorge Negrete.

Entre 1972 y 1973 el profesor de la Universidad de Guanajuato, Enrique Ruelas, puso a temblar las piedras. Sacó el teatro de proscenios para convertir la ciudad en escenario propicio para rendir tributo a Miguel de Cervantes, y, a través de su figura, a las letras universales. Desde entonces, el Festival Cervantino acoge, en los barrios y teatros como el Benito Juárez, el Principal, Auditorio la Alhóndiga de Granaditas (antiguo granero), las Catacumbas del Mesón de  San Antonio, Teatro Cervantes, entre tantas otras locaciones, a expresiones del arte mundial. 

Más que en Alcalá de Henares, parecería que Cervantes nació en Guanajuato. Eulalio Ferrer Rodríguez, quien llegó a México bajo el status de asilado tras la Guerra Civil Española, fue el promotor, impulsor y coleccionista que dio origen al Museo Iconográfico del Quijote, que cuenta con un acervo de más de mil piezas dedicadas a la memoria del Hidalgo. En cada sala se respira aires de libertad, locura, candidez. He sentido un impacto demoledor en obras como Aquí estoy, siempre estoy, de la mexicana Rocío Sandoval, que nos ilustra a un Quijote con la mirada extraviada, sin halo de esperanza; de igual manera el óleo de Elvira Gascón, de Soria, España, al presentarnos a un  Quijote derribado, no vencido, que tiene más de León Felipe que de orate; Octavio Ocampo, a la manera de Arcimboldo, mezcla rostros, lanzas, molinos, cabello alborotado, caballos y paisaje, en su obra Visiones del Quijote.  El Quijote de Guanajuato es como un bálsamo de fe, necedad, convicción y esperanza para quienes luchan por cambiar este feo mundo inmundo.

Finalmente, la casa de la calle Positos 47 en la que nació el 8 de diciembre de 1886 el genial Diego Rivera. Con mobiliario, enseres y artilugios de la época, observamos el espacio en el que se desarrolló la primera infancia de Rivera. Y en el edificio, convertido en museo, ciento dos obras originales no catalogadas en redes ni plataformas digitales y, consecuentemente, generadoras de sorpresa y fascinación. La Cabeza Clásica, pintada por Diego a los once años de edad es prueba fehaciente de un espíritu y pincel casi sobrenatural; naturalezas vivas junto a las cunas que acogieron a Diego y a su hermano gemelo Carlos María, fallecido al año y medio de nacido; los dibujos de Dolores Olmedo y Frida Kahlo desnudas, excepcionales muestras de un lápiz con vida propia. 

Habría tanto que agregar sobre Guanajuato, cuna de la Independencia, pero ni el papel ni la memoria aguantan todo. Por eso es mejor alistarse para visitar esa tierra de magia y sortilegio.

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Cultura

Presidente AMLO dedica serenata a madres de familia en su día

El presidente López Obrador manifestó su respaldo a las madres de familia que sufren por la desaparición de algunos de sus hijos, con todas las mujeres y madres del país

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En el marco del 10 de mayo, Día de las Madres, el presidente Andrés Manuel López Obrador extendió una felicitación a las madres de familia de todo el país y aquellas que se encuentran en el extranjero. También recordó a aquellas que ya han partido.   

“Nuestras más sinceras y afectuosas, cariñosas felicitaciones a las mamás, a las que están en nuestro país, a las que están en el extranjero, a las que todavía nos acompañan, a las que ya se fueron, se nos adelantaron, pero las recordamos siempre con mucho cariño”. 

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Se solidarizó con las madres que sufren por la desaparición de algunos de sus hijos, con aquellas que padecen alguna enfermedad o que están preocupadas por algún familiar enfermo.  

Durante su conferencia matutina, el jefe del Ejecutivo también reconoció a las madres trabajadoras, a las de los pueblos y comunidades del país. 

“A las que están sufriendo por sus hijos, por sus desaparecidos, a las que están enfermas o están preocupadas por sus familiares enfermos, a las mujeres humildes, pobres, de todas las comunidades, de todos los pueblos; a las mujeres trabajadoras, a todas las mujeres, a todas las mamás.

Hacia el final de su conferencia arribó al Salón Tesorería la agrupación “Veracruz me llena de orgullo” que interpretó varios temas a lo largo de 40 minutos, una serenata que el presidente López Obrador dedicó a las madres de familia.

“La mañanera va a estar dedicada a las mamás y va a haber música. Vamos a procurar terminar lo más temprano para poder disfrutar también de la música, y que ya las mamás que ven la mañanera, que sepan que en una media hora empezamos con la música”.

Entre los temas que interpretó el grupo Veracruz me llena de orgullo se encuentran las “Mañanitas”, “Querreque”, una versión de “La Bamba” dedicada a las madres de familia. 

El secretario de salud, Jorge Alcocer Varela, también envió una felicitación a las madres de familia de todo México.  

Muy buenos días a todas y todos ustedes, en especial a las mujeres que merecen este día su reconocimiento como madres”.

El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, se sumó a los mensajes dedicados a la madres: “Felicidades también a todas las mamás de México y del mundo”.

Zoé Robledo, titular del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), informó que “todos los días en nuestro país nacen cuatro mil 383 niñas y niños.

“Nuevas mamás, se convierten en madres, también a otras que ratifican su maternidad. Felicidades a todas ellas”.

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EL ESPEJO DE EUGENIA: Las travestidas de la guerra

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Se cumplen en mayo doscientos años de las batallas de Bomboná y Pichincha que, lideradas por Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, sellaron la independencia del sur del continente. Al cumplirse el bicentenario cabe recordar a las invisibles, mujeres patriotas ignoradas o apartadas de la galería de los emancipadores, marginación clasista de las mujeres para acceder al sistema de símbolos,  como llamó la historiadora Gerda Lerner al régimen patriarcal.

A lo largo de la historia, que es también la historia de las guerras, las mujeres han sido víctimas subordinadas a los jerarcas que impulsaron o suscribieron invasiones, conquistas, colonización o exterminio. No obstante, sin que haya existido siquiera la opción de convertirse en objetoras de conciencia, muchas de ellas se involucraron,  tomaron partido por patria o bandera y regaron los campos con su sangre.

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Esa historia, escrita por hombres y vencedores, recoge de manera parcial ejemplos conmovedores en diversas regiones del planeta, en las que la impronta de mujeres con apariencia y ropaje de soldados, sayones, húsares o milicianos, marcó épocas, leyendas y aventuras, porque era indispensable travestirse y encubrirse para el sacrificio o el combate, de ahí que hasta las amazonas mitológicas, con su lideresa Hipólita a la cabeza, aparezcan en grabados con apariencia varonil.

Hua Mulan, es el nombre de la adolescente que se vistió de varón para reemplazar a su padre anciano en la guerra contra las invasiones nómadas. Hoy la leyenda china ha sido aprovechada por los circuitos cinematográficos Disney que la han convertido en saga fílmica y video juego; de rostro imberbe, Catalina de Erauzo, nacida en San Sebastián en 1592, empezó a vestirse de hombre a los once años y muy joven viajó hasta el Nuevo Mundo. De gran estatura, sin pechos gracias a un emplasto, ocultó su identidad y se dedicó a sus aficiones: el florete, los naipes, los desafíos con bandoleros, así obtuvo en Lima el grado de alférez, ciudad donde tras un duelo de espadas dio muerte a su propio hermano. En otra reyerta, y al ser herida de gravedad, los médicos certificaron que se trataba de una mujer. Murió en circunstancias jamás aclaradas en Veracruz.

En la tercera década del siglo XVIII, Hanna Snell se hizo pasar por cocinero para ingresar a la marina británica. Combatió en la India a las tropas francesas y solo reveló su secreto al regresar a Londres muchos años después. Ningún Robert Shurtleff, dijo un soldado, al referirse a quien combatiera durante diecisiete meses en el ejército continental de George Washington. Era, subrayó: una hembra llamada Déborah Sampson la que se había alistado fingiendo la identidad. Tras la denuncia fue separada y excomulgada. 

Dorothy Lawrence, gracias a sus amigos milicianos a los que llamó cómplices caquis, se transformó en el soldado Denis Smith y así participó en las trincheras de la Primera Guerra Mundial en el ejército inglés; Milunka Savic reemplazó a su hermano que había sido convocado para alistarse en el ejército serbio y participó en  enconadas batallas. Cuando se develó su identidad, ya había sido ascendida a cabo y es la mujer con mayor número de condecoraciones en la historia, entre ellas, la Legión de Honor de Francia. Durante la dominación nazi estuvo un año recluida en el campo de concentración de  Banjica, Belgrado. 

En nuestro continente los ejemplos son múltiples. En la lucha independentista las mujeres patriotas, las guarichas, calificativo aplicado a las cónyuges de los soldados republicanos, eran destinatarias de injurias y afrentas, como estas líneas que partidarios de la corona española endilgaban a las rebeldes:

¿Quién mis desdichas fraguó? Tudó.
¿Quién aumenta mis pesares? Cañizares.
¿Y quién mi ruina desea? Larrea.
Y porque así se desea. Querría verlas ahorcadas
Cañizares, Larrea. (1)

En el Quito franciscano de inicios del siglo XIX, Josefina Tudó, Teresa Larrea y Manuela Cañizares eran las víctimas del ultraje, multiplicado por ser mujeres, partidarias o dirigentes de la insurrección.

Pese a que en 1819 el general Francisco de Paula Santander hiciese expresa la prohibición a mujeres para participar en las batallas, muchas se dieron modos de estar junto a maridos, hermanos y padres para acompañarlos en aventuras y desventuras. Santander había proclamado su heraldo de castigo: No marchará en la división mujer alguna, bajo la pena de cincuenta palos a la que se encuentre. No obstante la advertencia, muchas guarichas se enlistaron para armar campamentos, servir como informantes o cocinar para la tropa, tareas a ellas designadas por suboficiales; otras, armas en mano, debieron ocultar su feminidad para no ser marginadas, los casos de los presuntos soldados llamados Manuel y apellidados Jurado, Esparza y Jiménez que combatieron en la Batalla de Pichincha. Cuando Jurado fue herido, se descubrió que se trataba de una muchacha llamada Nicolasa. Sucedió igual con los otros, de nombre real Gertrudis e Inés. Fueron ascendidas por Sucre al grado de tenientes tras develarse su verdadera identidad. 

Al mando de un batallón de trescientos esclavos, un soldado de voz fina logró quebrar el asedio de las fuerzas realistas en el estado de Coro, Venezuela en 1821. El líder rebelde era, en realidad, Josefa Camejo, nacida en Falcón; en Salvador de Bahía creció María Quitéria de Jesús, quien se enlistó en las fuerzas independentistas brasileñas bajo el sosías de soldado Medeiros. Desarrolló su carrera militar gracias a su habilidad con las armas, razón por la cual, y pese a que su padre descubrió su estratagema, fue ascendida al grado de alférez, convirtiéndose en la primera heroína patriótica de su país.

En las poblaciones de Gameza, Pantano de Vargas y Boyacá, Colombia, la presencia de mujeres combatientes fue inevitable, de ahí el registro de la valentía y arrojo de María Josefa Díaz, madre del mártir Atanasio Girardot; de igual manera, Teresa Cornejo, Manuela Tinoco, Rosa Canelones y la capitana Evangelista Tamayo, quienes siguieron el ejemplo de Policarpa Salavarrieta, la Pola, asesinada a los veintidós años. Salavarrieta exclamó, antes de morir fusilada en plaza pública a manos de los españoles, la mañana del 14 de noviembre de 1817 en Bogotá:

¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde. Ved que, mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. ¡No olvidéis este ejemplo! Muero por defender los derechos de mi patria.

Cabe aquí el recuerdo del sargento Amaya, que en el sitio de Paya, hoy municipio de La Libertad, Colombia, llamó la atención del comandante Arredondo por la voz delicada con la que ordenaba a las tropas locales asistir al ejército libertador. El triunfo arrasador de las fuerzas emancipadoras, que provocó la celebración de Bolívar, trajo la nueva: el sargento Amaya era, en realidad, Simona. Al ser revelada su naturaleza, confrontó a su jefe al decirle de manera altiva: Coronel, aquí no hay una mujer desvalida y temerosa. Aquí hay un soldado de la patria listo para el combate. (2) Hoy, a doscientos años de la gesta, y ante el desdén y abandono de las autoridades colombianas, un letrero en el pueblo de Simona Amaya sintetiza la historia: Bienvenidos al Bicentenario del Olvido.

En una nueva entrega hablaremos del sacrificio y heroísmo de las soldaderas durante la Revolución mexicana.

 (1) Andrango-Walker Catalina; La identidad ecuatoriana a partir de la música  y la poesía popular de la guerras de la independencia; Araucaria, Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades; 2011; Vol. 13; Nº25; p. 108-125.

(2)  Jorge Alberto Dehaquiz Mejía y Luz María Gutiérrez de C; La sargento y el soldado niño; Bucaramanga; 2019; p. 13; https://dehaquizgutierrez.files.wordpress.com/2020/04/la-sargento-y-el-soldado-nic391o.pdf

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