¿Quién fue Manuel Acuña?

Manuel Acuña, escritor			Siglo XIX	Litografía	Rosario Peña	19	SINAFO, INAH	8552

Es considerado uno de los más destacados y característicos representantes del romanticismo mexicano.

Por: Zahit Ríos.

Nació el 27 de agosto de 1849 fue un poeta mexicano que se desarrolló en el estilizado ambiente romántico del intelectualismo mexicano de la época.

Es considerado uno de los más destacados y característicos representantes del romanticismo mexicano. Su inflamado carácter romántico, el lirismo que fue apoderándose, poco a poco, de sus anhelos literarios y su naturaleza enfermiza conformaron paulatinamente unos poemas en los que se advierten los destellos de su pasión y su genio poético, características que la turbulencia de sus amores y desamores irían acentuando, para conducirlo, en medio de la locura de amor rechazado, al suicidio.

Desde adolescente mostró su afición a las letras se impondrá muy pronto en el espíritu del joven aspirante a médico que, ya en 1869, dispuesto a redimir a la humanidad por medio de la enseñanza, las artes y las ciencias, se lanza a lo que va a ser una prolongada y fecunda serie de colaboraciones en distintos diarios y revistas mexicanos. Manuel Acuña comienza así a colaborar en las páginas de numerosas publicaciones periódicas, como El Renacimiento (1869), El Libre Pensador (1870), El Federalista (1871), El Domingo (1871-1873), El Búcaro (1872) y El Eco de Ambos Mundos (1872-1873).

Influido a veces, como en Hojas secas, por el tardío romanticismo español de Gustavo Adolfo Bécquer y transido otras (en Ante un cadáver, por ejemplo) de un materialismo que cuestiona la propia existencia de Dios y se pregunta por el origen y el destino del hombre, por el sentido de su vida en la Tierra, por las razones del amor y el desamor, por la causa final de la injusticia, Acuña va adoptando un tono de encendida protesta existencial y revolucionaria, que no se ve mitigada por la fe religiosa o por el conformismo que debiera ser fruto natural de una cierta madurez, pero que asume en sus poemas humorísticos descarnados acentos de burla.

Manuel Acuña, envuelto en su aura romántica, no desea recorrer el camino hacia la gloria literaria que sus jóvenes escritos parecen reservarle y se niega a soportar una vida en la que su pasión vaya paulatinamente extinguiéndose, privada del amor de su esquiva musa. El 6 de diciembre de 1873 decide truncar las esperanzas que en él se habían depositado y cierra, con el suicidio, el curso de su existencia. Tendrán que pasar todavía muchos años para que los escasos poemas de Acuña abandonen las fugaces páginas amarillentas de los periódicos o revistas de la época y venzan por fin, ordenados en un volumen coherente, el silencioso olvido de las hemerotecas.

Conoce sus Obras

Hojas secas y materialista en Ante un cadáver, llega a la ingenuidad romántica en su Nocturno, que es el poema que le ha valido más notoriedad. Acuña es realmente un romántico de primera época, con su significación de protesta revolucionaria sin compensaciones, sin el consuelo de la fe y sin la resignación que la madurez suele proporcionar o propiciar.

Los poemas de Manuel Acuña vieron la luz póstumamente con el título de Versos, que se cambió por el de Poesías en la segunda edición (París, Garnier, 1884), y por el de Obras en la más reciente, o sea la publicada por José Luis Martínez (México, 1949).

Aparte de un grupo de poemas que pudiéramos llamar ideológicos (los tercetos Ante un cadáver, El hombre, etc.), los restantes pueden clasificarse en amorosos, patrióticos, humorísticos, descriptivos y de circunstancias. Entre los primeros, es uno de los mejores Resignación, motivado por su ruptura con Laura Méndez, al que siguen en mérito los tercetos A Laura y el Nocturno. De los patrióticos, son dignos de mención El Giro, Hidalgo, 15 de septiembre y Cinco de Mayo; de los humorísticos, La vida del campo y A la luna, y de los descriptivos, el rotulado San Lorenzo.

Un grupo de poesías, Hojas secas, recuerda la manera de Bécquer, aunque no es seguro que Acuña alcanzara a leer los versos del sevillano; también tiene algunas canciones y cuatro Doloras, imitación de las de Ramón de Campoamor. Su pasión por Rosario de la Peña le inspiró el Nocturno, la más conocida de sus composiciones: “Pues bien; yo necesito decirte que te quiero, / decirte que te adoro con todo el corazón…” El poema, sin demasiada belleza formal ni imágenes de relieve, debe probablemente su popularidad al hecho de que en sus versos parece acuñarse el lenguaje mismo del infortunio amoroso, la fórmula ya hecha en que el desgraciado en amores siente expresada su desventura.

Acuña se suicidó el 6 de diciembre de 1873 luego de ingerir cianuro de potasio. Sus restos, inicialmente fueron enterrados en el Cementerio de Campo Florido, en la capital del país, después sepultados en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores y allí permanecieron hasta 1917 cuando fueron trasladados a Saltillo y depositados en la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres del Panteón de Santiago. En la intersección de las calles República de Brasil y República de Venezuela del Centro Histórico de la Ciudad de México se encuentra una placa que indica el lugar donde se suicidó.

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