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Capital 21

EL ESPEJO DE EUGENIA: San Miguel de Allende… muy agradecido

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¿Cómo, tan inútil frente a Rembrandt, pintar la luz que emana de la oscuridad? ¿Cómo, tan lejos de Siqueiros, trazar la perspectiva de toda la vida?

Llegué a San Miguel de Allende bajo el cobijo de una canícula digna del desierto de Sonora. Sed, sudor, ahogo, y no obstante, un placer sensorial no compatible con la asfixia afloró en cada día y plenilunio. Debe ser, me dije, los retazos de historia de valientes, las terrazas y el tequila del ocaso, las muchachas hermosas o los charros lozanos y afables de esa ciudad conventual de espíritu creyente y misas cantadas. Pero no, hay algo más que todo aquello, porque, para remate, asistimos a un eclipse lunar que dejó absorto al pueblo entero.

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El hotel de la calle Mesones es un refugio contra la insolación. Sol que abraza, abrasa e invoca a Abraxas, dios del fuego. No es casualidad que año a año se rinda tributo en San Miguel de Allende al jalisciense Carlos Santana, quien tituló con ese nombre a su larga duración de mayor éxito, que revolucionaria el rock de fusión contemporánea.

Quien nos guía en un recorrido de mediodía por rincones de la ciudad,  no es rockero, sino cantinflesco. Vamos al mirador para que puedan observar esta tierra hermosa, que hermosea el paisaje, país y peaje, país milagroso, miraculoso, dice, al ufanarse de haber nacido allí. Esa es la mansión que escogió Mario Moreno para residir o vacacionar aquí. Miren ese mural divino, expresa, al señalar el cuadro de pared que fuera pintado para rendir homenaje a Cantinflas y sus amigos. Allí se advierte a una María Félix sublime y coqueta; junto a la diva, Agustín Lara, que con rostro fino de daga veracruzana parece esconderse de Jorge Negrete; a un costado se divisa a Dolores del Río, quien cruza rauda y preciosa, no orgullosa, altanera ni Bikina, sino cabizbaja, que me recuerda la confesión que hiciera cuando contó la huida de su familia de la casa en Durango a la voz de su padre banquero que exhortaba tembloroso: vuelen, que viene Pancho Villa y nos arrasa. En primer plano del fresco, el Indio Fernández, el torero El Cordobés, Siqueiros con pincel en mano, y la generosidad siempre apreciada del reverendo José Mojica que le ha prestado un hábito de fraile a Pedro Vargas. Parecen dispuestos a ensillar dos caballos color blanco puro y ojos entre marrón y miel.

En la Casa Hoyos, una placa es testimonio de lo acontecido: Don Pedro Vargas nació en esta casa el 29 de abril de 1906. Obviamente nació un niño, no un don, pero nació con dones especiales: una voz grave y profunda, tenor de registro amplio, señorial, parsimonioso. Tras su éxito mundial diría que volvería a San Miguel para adquirir la mejor mansión, e hizo realidad su sueño al comprar la gigante casona cercana al mirador. Su carrera musical y cinematográfica lo convirtieron en leyenda viva de la canción y destinatario de homenajes, ovaciones y aplausos. Circunspecto, respondía: Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido. Es una frase oportuna para reconocer las bondades de un pueblo grato, cordial y tan complaciente que se convirtió en el colmenar de la generación beatnick: Kerouac, Corso, Snyder, Ginsberg, Burroughs. También es la tumba de su musa y duende: Neal Cassady.

Una aventura que comprende el viaje a la patria de la niñez es el Museo del Juguete Mexicano. Trenes a escala, muñecas artesanales, camiones, canicas, títeres, lotería, carrusel, forman un colosal y diminuto mundo feliz.  Walter Benjamín, que dedicó profundas reflexiones a los juegos infantiles, habría sido presa fácil de ese rincón de ternura y melancolía. En lo particular me sentí inmerso en el ring en el cual el Santo y Huracán Ramírez se enfrentan a los malhechores con rostro propio, Cavernario Galindo y Tonina Jackson. Todos hicieron gala de ingenio, llaves doble nelson, patadas voladoras, cumpliendo el ritual que el ex teniente de la Revolución mexicana Salvador Lutteroth legara al país, al fundar, hace un siglo, la Empresa Mexicana de Lucha Libre.

En recovecos casi inaccesibles, como suele suceder con la hegemonía del relato patriarcal, aparecen dos mujeres que tomaron por asalto su cuarto propio: María Tomasa Estéves y Salas, la Finé mexicana, insurgente independentista fusilada en 1814, y Guillermina Jiménez Chabolla, Flor Silvestre, tan bella que cambió la mueca de Paco Malgesto y gestó, como matria y guía, a la reconocida prole artística de los Aguilar.

En el auditorio del Centro Cultural Ignacio Ramírez, El Nigromante, dedicado a la memoria de quien fuera base piramidal del laicismo, recordé a mi hermana Matilde al escuchar con devoción al Cuarteto de Cuerdas de la Universidad de Concepción de Chile, alma mater en la que ella transitó en la lejana década del sesenta, y en la que se involucró con socialistas que años después fueron víctimas de cárcel, tortura y exilio, cuando el fascismo pinochetista hizo una francachela con la sangre joven y la memoria de Lautaro, Caupolicán, Salvador Allende y Víctor Jara. Tras interpretar a Mozart, hicieron una gala con música académica de su país, para cerrar, con la ovación de los treinta asistentes, con Gracias a la vida y Run run se fue pa’l norte, de la arpillera y cantora mayor, Violeta Parra. 

En una inmensa bóveda del mismo centro cultural, la curiosidad se convierte en estupefacción. El guía llamado Tlacaele, mexica entre mexicas, que tiene un impresionante parecido físico con el Lex Luthor que aparecía en el cómic de Superman, camina veloz, con brincos que lo hacen flotar sobre la piedra. Nos enseña el mural que David Alfaro Siqueiros dejó inconcluso, porque ciertas imágenes secretas fueron develadas y debió salir como alma que lleva la Inquisición. En las paredes se esconde un rostro que solo es posible observar si uno sigue el consejo del añorado libanés marchante, cuando decía que en el arte hay que transmutar a Santo Tomás, porque hay que creer para ver. Se trata de Marx, barba de algodón, cabello de escarcha, mirada de profeta, y, junto a la efigie en claroscuro difuminado, la hoz y el martillo en color amaranto junto a siete corazones que se entrelazan y desvanecen. En el tumbado un enorme misil que en la perspectiva parece caer sobre los andantes, culmina en el féretro de Ignacio Allende. El Coronelazo, que fue y es uno de los artistas más dotados del planeta, configura otra irreverencia magistral: el Lenin de la estación Finlandia, una de las imágenes más conocidas del líder bolchevique, aparece sin rostro y se convierte, gracias a la nariz torcida, en Ignacio Allende.

Allende se unió desde 1806 a la lucha por la emancipación. Su capacidad, liderazgo y formación militar lo convirtieron en el par de Miguel Hidalgo, con quien comparte la ventura de la independencia y la desventura de la muerte. Fue fusilado, decapitado y su cabeza, con la del Cura Hidalgo, fue exhibida por diez años como venganza y  amenaza. La antigua ciudad de San Miguel el Grande, renombrada Allende en 1826, rinde tributo en calles, puentes, museos, casas y plazas consagradas al héroe y mártir asesinado en Chihuahua.

Al dejar la ciudad observo vagones perdidos de un ferrocarril que alguna vez fue escenario de despedidas, llantos, besos, es decir, tren de la nostalgia, sin destino ni estación. Con razón el pintor peruano Felipe Cossío del Pomar, fundador en los años treinta, junto al gringo mexica Stirling Dickinson, de cuanta escuela de arte existe en San Miguel, dijo, al referirse al embrujo que lo había atrapado: Había bebido agua del chorro y según una vieja conseja de gentes del lugar, el que bebe esa agua tiene que volver. En el camino bebí cuanta agua me fue posible ingerir. Solo queda elevar una plegaria: San Isidro Labrador, quita el sol y pon más agua. Volveré a San Miguel de Allende: pintoresca ciudad de la luz y de la insurrección.  

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CDMX y Gobierno de México llevarán internet gratuito a más de 300 colonias de la ciudad.

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El gobierno de la Ciudad de México y el Gobierno de la República, unirán esfuerzos para llevar Internet para Todos, público y gratuito, en más de 300 colonias de la capital, informó el titular de la Agencia Digital de Innovación Pública de la Ciudad de México, José Antonio Peña Merino. 

La Ciudad de México se convirtió en diciembre de 2021 en la ciudad más conectada del mundo tras pasar de 98 puntos de acceso a WiFi gratuito, en diciembre de 2018, a 21 mil 500 puntos de acceso a finales del año anterior. Hoy, el número de puntos de acceso de WiFi gratuito en la ciudad asciende a 23 mil 506 puntos de acceso.

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En la conferencia matutina de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, Merino destacó la habilitación de puntos WiFi gratuitos en casi mil escuelas primarias y secundarias. La meta, dijo, es habilitar WiFi gratuito en 2 mil 662 escuelas, de las cuales mil 937 son primarias y 725 secundarias.

Asimismo, informó sobre la habilitación de puntos de acceso a internet gratuito en 79 Unidades Habitacionales, y la meta es alcanzar la cifra de 3 mil 177 para un total de 2 mil 709 servicios de internet en 7 mil 610 puntos de acceso WiFi.

Internet para Todos. CDMX se suma a programa del Gobierno de México

El titular de la ADIP, informó que en colaboración con el Gobierno de México, a través de la CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, se llevará el acceso gratuito a 303 colonias que hasta hoy no cuentan con puntos de acceso WiFi gratuito.

Por su parte, el transporte público también recibirá una importante actualización de los puntos de acceso WiFi que actualmente tiene con la instalación de 300 puntos de acceso en 226 estaciones del Metrobús, que hoy cuenta con 39 estaciones con WiFi público en las líneas 2 y 6.

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EL ESPEJO DE EUGENIA: En Acolman con la canción más popular del planeta

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Un solazo ilumina el arte plateresco del frontispicio del Convento de San Agustín en Acolman, Estado de México. La cabecera municipal lleva el nombre de Acolman de Nezahualcóyotl, en tributo al rey poeta, gobernante de Texcoco en la era prehispánica,  el que nos señalaba en el siglo XV el carácter democrático de la muerte, único poder capaz de igualar a todas las personas en su inexorable destino:

Nadie en jade,
nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado.
Todos nos iremos
allá, de igual modo.
Nadie quedará,
conjuntamente habrá que perecer,
nosotros iremos así a su casa. (1)

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Acolman, -vecina de las pirámides de Teotihuacán,  por lo que desde cualquier lugar se observa la danza en el viento de los globos aerostáticos-, es la tierra de las piñatas. Desde hace cuatrocientos años se confeccionan y no son artilugios suntuarios para la fiesta infantil, sino objetos elaborados con paciencia, destreza, habilidad y maestría, al punto que sus creadores no son considerados artesanos, sino artistas, también expertos talladores de títeres y figuras que cobran vida sin olvidar su pasado de piedra: ónix, jade, obsidiana.

A un costado del antiguo convento, devenido museo, un pequeño restaurante lleva el pomposo nombre de Misión de los Frailes. Un apacible y cortés mesero nos ofrece un desayuno que incluye chilaquiles, quesadillas, y en especial, huevos divorciados. Ante mi sorpresa, responde: es que el uno lleva salsa roja y el otro, verde.  Haberlo sabido antes.

En un encuentro político y festivo con mujeres del Estado de México, evento que tiene como propósito conocernos y aprender en común, generamos el ambiente propicio para consultarles por el rol de la mujer contemporánea y otros temas de interés colectivo. Tras contestar ellas a una breve encuesta, me encuentro con respuestas que tienen un lugar común al hablar de su percepción y sentimiento sobre el estado personal de bienestar: la música.

¡Ay, la música¡ Sin ella no habría quizá ni susurro, ni nostalgia, ni remordimiento, ni amorío. El que escucha música, siente que su soledad, de repente, se puebla, escribía el poeta inglés Robert Browning, y es que no hay periodo de la vida en que no se presente en sus multifacéticas formas: rondas para la niñez, baladas para el enamoramiento cursi del colegio, son y salsa para el baile,  trova para el encantamiento, banda sonora para el cine, período clásico para el pensamiento, disco para la bulla, rock para el nirvana, tango para la morriña, flamenco para el deslumbre, ska para la locura, reggaetón para la estulticia, pop para la farra, cítara para el yoga, mariachi para la serenata, heavy metal para la sordera, blues para la melancolía, corridos para la crónica, jazz para la improvisación, himnos y cantares de gesta para camaradas y partisanos, marchas para militares, góspel y sacra para incitar el recogimiento, salsa erótica para excitar el cogimiento, y así, innumerables ritmos y tendencias, en géneros tan diversos que sería inacabable el registro o inventario, porque habría que agregar los lazos afectivos con los instrumentos: chinesco para el recién nacido, corneta para el escolar, guitarra para la humorada con familia y amigos, marimba para el rito, quena para el frío, violín para el silencio, lira para la musa, tambor para el ritual, dulzaina para el suicidio, bandoneón para la tristeza, triángulo para el ménage à trois. 

No obstante el largo enunciado, sentía que algo faltaba en este largo catálogo, y ese olvido fue subsanado gracias a una pregunta que hice en el ámbito del antes citado encuentro de mujeres. Consulté, entonces: ¿Cuál es la canción más interpretada en el mundo? La respuesta fue unánime, coral, certera: Bésame mucho. Claro, faltaba el bolero. 

En efecto, Bésame mucho es la canción con más intérpretes en el orbe, entre ellos, Sinatra, Aznavour, Andrea Bocelli, Cesárea Évora y los Beatles.  ¿A quién debemos que México ocupe ese primer lugar en la historia de la música popular? A una mujer excepcional por sus dotes artísticas, la pianista y compositora Consuelo Velázquez, nacida en Ciudad Guzmán, Estado de Jalisco, el 21 de agosto de 1916; fallecida en Ciudad de México el 22 de enero de 2005. 

A finales de la década del treinta del siglo pasado, Consuelo irrumpió con fuerza de ciclón en un género arraigado a la imagen y semejanza varonil. Escribió letra y música y pronto el bolero se convirtió en seña y contraseña del romance universal, al punto que Carlos Monsiváis señalaba que parte de la leyenda se forjó en los campos de batalla durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un joven que la interpretaba fue alcanzado por una bala en el momento preciso en que entonaba: como si fuera esta noche la última vez.

Consuelo nos legó otras canciones legendarias como Verdad amarga, que con el feeling de Pablo Milanés suena a una extraña alquimia entre soul y fado:

Yo tengo que decirte la verdad, aunque me duela el alma
No quiero que me juzgues mal, por pretender callarla.
Yo sé que es imposible nuestro amor, porque el destino manda,
y tú sabrás un día perdonar esta verdad amarga.

Con la voz quebrada de la matriarca del clan Aguilar, Flor Silvestre, otra rola de Consuelo, Amar y vivir, suena a suspiro, desesperación, lamento y demanda:

Se vive solamente una vez
Hay que aprender a querer y a vivir
Hay que saber que la vida
Se aleja y nos deja llorando quimeras

No quiero arrepentirme después
De lo que pudo haber sido y no fue
Quiero gozar esta vida
Teniéndote cerca de mí hasta que muera.

Con Pedro Infante, otra canción de la gran pianista y compositora, Yo no fui, se convierte en intriga, rumor, corre, ve y dile, pero, también, en el coraje para desechar comentarios de arpías y chismosos que hacen de la murmuración una perversa forma de vida. A los voceros de la calumnia Consuelo los manda a volar:

Si te vienen a contarcositas malas de mí,
manda a todos a volary diles que yo no fui.
Yo te aseguro que yo no fui,
son puros cuentos de por ahí,
tú me tienes que creer a mí,
yo te lo juro que yo no fui.

Finalmente, y sin poder citar tantas otras manifestaciones musicales de Consuelo Velázquez, aquel regalo de ternura que, gracias a su talento y sensibilidad, se convirtió, al mismo tiempo, en canción de cuna, gratitud por el prodigio de la vida y vigilia amorosa: 

Cachito, Cachito, Cachito mío,
pedazo de cielo que Dios me dio.
Te miro y te miro y al fin bendigo,
bendigo la suerte de ser tu amor

Tenía tanta razón el soberano chichimeca Nezahualcóyotl al consagrarse a la poesía que, como la música, es la prueba más certera de que el amor siempre vencerá al odio, aunque este germine en quienes no permiten que se les pueble el alma de ternura.

Gratitud, esa palabra exiliada, aparece al recordar a Consuelo Velázquez, sombra que acompaña el ocaso en Acolman, cuando decimos quedito las frases acuñadas para solaz del corazón y la memoria: 

Bésame,
bésame mucho
que tengo miedo a perderte,
perderte después.

(1)  Nezahualcóyotl; poema: Percibo lo secreto

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Toma protesta el Consejo Ciudadano del Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México

El Servicio de Medios Públicos ahora cuenta con su primer Consejo Ciudadano.

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Para asegurar su imparcialidad editorial y objetividad el Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México cuenta ahora con su primer Consejo Ciudadano.

Una vez realizada la revisión de la documentación y perfiles por parte del Órgano de Gobierno del Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México, conforme a las bases de la CONVOCATORIA PÚBLICA ABIERTA PARA ELEGIR EL CONSEJO CIUDADANO DEL SERVICIO DE MEDIOS PÚBLICOS DE LA CIUDAD DE MÉXICO, este 30 de mayo de 2022, tomaron protesta las cinco personas que conformarán el Primer Consejo Ciudadano del Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México:

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Luisa Cantú Ríos

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Luisa Iglesias Arvide

Esto durante la ceremonia de Toma de protesta y entrega de designaciones del Consejo Ciudadano del Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México que tuvo lugar este lunes en el Museo de la Ciudad.

Desde la creación del Sistema Público de Radiodifusión de la Ciudad de México, ahora denominado como Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México “Capital 21”, es la primera vez que se cuenta con un consejo conformado por la ciudadanía lo que permitirá que realmente se transforme en un medio genuinamente público.

Así lo afirmaron los integrantes del Órgano de Gobierno del Servicio de Medios Públicos de la Ciudad de México, en el marco de la Tercera Sesión Extraordinaria, además de que con esto se logra un avance más en el desarrollo de una “Televisión Cada Vez Más Pública” robusteciendo así el papel de los medios públicos en la Ciudad de México.

Con la renovación de su programación, la participación en la Red de Medios Públicos, el Órgano de Gobierno y su primer Consejo Ciudadano, Capital 21 refuerza su compromiso con los habitantes de la Ciudad de México para la construcción de una televisión cada vez más pública.

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