Un día como hoy… falleció Juan Ruiz de Alarcón 

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El dramaturgo mexicano, Juan Ruiz de Alarcón, se caracterizó por su ponderación, su equilibrio, su corrección en el lenguaje y en el verso.

Juan Ruiz de Alarcón nació en 1580 en Taxco, fue un escritor novohispano del Siglo de Oro que cultivó diversas variantes de la dramaturgia. Su familia era de una posición acomodada de ascendía española, por lo que tuvo la oportunidad de estudiar en la Universidad de México desde 1592 y se trasladó a España en 1600 donde se graduó de bachiller en Cánones en el mismo año, y en Leyes en 1602 (Universidad de Salamanca).

Obtuvo el título de licenciado en Leyes en la Universidad mexicana en 1609, fracasó en sus aspiraciones al profesorado universitario en tres intentos y trabajó en empleos menores, para embarcar de nuevo rumbo a España en 1613.

La hostilidad con que fue acogido en el ambiente literario español ha motivado muy diversas reacciones en la crítica moderna hispanoamericana. Tuvo que padecer las sátiras de Francisco de Quevedo, el cual, tras asegurar que la “D” de su firma no se refería al “don” sino que esbozaba sólo la mitad de su retrato, llegó a llamarle “hombre formado de paréntesis”. Luis de Góngora, por su parte, lo acusó de plagio. Y alguien tan sereno, tan ponderado como fray Gabriel Téllez, que inmortalizó el seudónimo de Tirso de Molina, le dedicó una décima que no le ahorra insultos como “poeta entre dos platos” o juicios a su apariencia y a su obra que se resumen en estos dos versos: “Porque es todo tan mal dicho / como el poeta mal hecho”.

Se ha comentado también “su escasa fecundidad”, y tampoco la observación resulta exacta, pues el dramaturgo mexicano se entrega al teatro porque las circunstancias lo empujan, y deja, al parecer, de escribir para la escena cuando resuelve sus problemas económicos; es decir, no es un profesional del tipo de Lope. Que haya escrito algunas comedias antes de su segundo viaje a España no resta verosimilitud a la afirmación, como tampoco se la restaría el hecho de que algunos escritos suyos resultaran posteriores a su nombramiento para el Consejo de Indias.

Considerando que las veinte comedias por él publicadas y las otras tres que indudablemente son suyas fueron en su mayoría escritas en un período de quince años, resulta muy relativamente escasa la fecundidad del artista.

En 1628 publicó la primera parte de sus comedias, entre las que destacan:

  • Los favores del mundo
  • La industria y la suerte
  • Las paredes oyen
  • El semejante a sí mismo
  • La cueva de Salamanca
  • Mudarse por mejorarse
  • Todo es ventura y El desdichado es fingir

El dramaturgo mexicano se caracteriza por su ponderación, su equilibrio, su corrección en el lenguaje y en el verso, su sentido humano de la moral, en una palabra, su discreción, calidades en las que supera al resto de los dramaturgos españoles, aunque no alcanza a los mejores en habilidad para utilizar los recursos escénicos.

Destaca en sus obras un estilo contenido y tramas bien pensadas que dejan poco lugar al absurdo. Su extremado cuidado en la construcción de sus comedias conduce siempre a un encadenamiento lógico de todas las escenas de la obra. Se da un predominio de los personajes sobre la acción; por este motivo sus comedias suelen desarrollarse en ambientes íntimos y familiares. De ahí que su teatro pueda calificarse como de “caracteres”, ya que prevalece el análisis de la interioridad o psicología de los personajes y el trazado minucioso de éstos. El perfil de los personajes no es el fruto de unos rasgos arquetípicos fríos y abstractos, sino de una descripción llena de sutiles pinceladas que componen un fresco rebosante de matices y espiritualidad.

La crítica es unánime al señalar como sus obras maestras:

Las paredes oyen y La verdad sospechosa. Su indudable influencia en el teatro clásico francés (Corneille), italiano (Carlo Goldoni) y español (Agustín Moreto y Leandro Fernández de Moratín, entre otros) colocan al dramaturgo hispanomexicano en uno de los más altos lugares del teatro universal.

En 1638, la salud del dramaturgo comienza a debilitarse, por lo que a partir de enero de 1639, sus tareas en el Consejo de Indias fueron desempeñadas por otra persona. El primero de julio de ese año, Alarcón dicta su testamento ante el notario Lucas del Pozo y cinco testigos, el 4 de agosto de 1639, fallece en su casa madrileña de la calle Las Urosas.

Con información de: Zahit Rios

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