Playmobil: La revolución de las caritas sonrientes

La exhibición más grande de Playmobil en México, está en el MUJAM. Nosotros ya fuimos a verla y te traemos todos los pormenores.

Un pequeño alemán rubio me mira desde el torbellino provocado por una batalla entre sirenas y piratas fantasmas. A la derecha de mi guerra de miradas, una hecatómbica fiesta de fantasmas, vampiros, brujas y momias está llegando a su clímax; mientras que la tragedia de “Hamlet” se desarrolla de forma precisa, a mis espaldas.

No quiero parpadear, pero es que este pequeño rubio de peinado de picos tiene la mirada muy pesada, muy pesada y yo la verdad es que ya me quiero ir a mirar otra cosa ¿Qué puedo hacer? “Nada”, me digo “Nadie puede sostenerle la mirada tanto tiempo a un Playmobil. Lo hiciste bien campeón, ya vete a jugar” (Sí, así hablo yo conmigo).

Y antes de que alguien piense mal, debo decir que estoy en el último piso del Museo del Juguete Antiguo de México (MUJAM) donde ya abrió sus puertas al público la muestra de la 1ra asociación de coleccionistas de Playmobil en México. Esta es la exposición más grande de estos juguetes alemanes en nuestro país, como nos lo cuenta Roberto Yuichi Shimizu, director creativo del Mujam, el hipster japonés más cool de la CDMX y encargado, junto a su padre Roberto Shimizu, de preservar el enorme acervo que se exhibe en el edificio ubicado en Doctor Olvera 15.

“Tras el éxito de Harry Potter, estamos inaugurando la nueva exposición temporal del MUJAM. Más de 5 piezas exclusivas de uno de los clubs de coleccionistas más grandes de México. Ha sido tal la relevancia de la exposición que la empresa misma nos ha buscado para ser parte de la celebración y estamos contacto con Playmobil Internacional, ya que por primera vez en la ciudad de México se va a presentar una exhibición de estas magnitudes y sobre todo en un contexto juguetero como el del museo”, me explicó Roberto.

Resulta interesante que en una era de Internet y juegos de Tablets, el MUJAM apueste por una exhibición de juguetes didácticos. “El juguete análogo te incitaba a la creatividad y a la imaginación. Al final nosotros lo que queremos mostrar es que los juguetes no necesita hacer ruidos y moverse, ni hacer miles de faramallas para entretener al niño. Al final, toda esa capacidad de imaginación y de virtud de querer divertirse esta en los niños y el museo siempre ha incentivado a los papás a que muestren a sus hijos los juguetes con los que ellos jugaban”, resaltó Shimizu hijo.

 

 

Esta no es la primer muestra que se realiza de Playmobil en la ciudad, pero sí la más grande. Así lo confirma, Erick Montiel León, uno de los organizadores. “Llevamos 2 años montando exposiciones y aquí en el MUJAM estamos participando 26 expositores con diferentes temáticas, por ejemplo: el oeste, medieval, dinosaurios”.

¿Cómo inicia uno coleccionado Playmobil? Es la pregunta obligada para Erick. “Yo colecciono desde 2008. Cuando era niño encontré un Playmobil de mi hermano y fue un gusto a primera vista. De allí seguí comprando, hice una pausa en la secundaria, porque me creía un poco grande. Incluso Playmobil dejó de venderse, pero cuando regreso a las tiendas yo regresé a coleccionarlo”.

 

 

“Yo jugué de niño y hasta muy entrado a la adolescencia. El barco pirata y los caballeros eran mis favoritos” me cuenta Daniel Buchsbaum, el artista gráfico encargado de hacer los murales que servirán de “arte oficial” de la exposición. “Voy a plasmar unos piratas fantasmas, un cañonero con otros detalles, las cosas que se fueron plantando en mi cabeza, todas las aventuras que imaginaba. Esos son los elementos que integraré a mi mural”.

Son más de 16 escenarios los que conforma la muestra. Y digo más, porque hasta el más mínimo recoveco de la sala está ambientado. Quisiera contarles un poco sobre lo que encontraran en cada maqueta, narrarles la impactante escena de dos militares apuntando su arma a un grupo de personas que están dentro de una jaula rodeados de dinosaurios o de cómo vivían las tribus originarias del norte del continente. Podría hacerlo, pero mejor que nuestro ahora amigo Erick Montiel León nos cuente qué podemos encontrar en la maqueta que él montó y cómo lo hizo:

“Mi colección lo monte con mi amiga Luz Bárcenas. Es una maqueta de piratas fantasmas invadiendo a las sirenas. Tardamos dos días en montarla. En ella podemos ver a los piratas fantasmas invadiendo el reino de las sirenas, robando sus tesoros, rodeado de la fauna marina de las sirenas, como son peces, caballitos de mar, anguilas. Y por parte de los fantasmas tenemos una hidra, un cangrejo gigante, un kraken y una mantarraya llegando a apoderarse de las sirenas por completo.

Entre los dos usamos distintos materiales para ambientarlo. Usamos arena para decoración y también metimos piezas de otros mundos.”

 

 

¿Los tuyos son los piratas? Le pregunto, “No, las mías son las sirenas”, me dice sonriendo. Cool, le respondí y los dos nos reímos. Pero como no todos son risas en la vida y porque está claro que es más divertido jugar con los juguetes que crearlos, a continuación les contaremos la esforzada historia de cómo estos pequeños alemanes de plástico vieron la luz.

A diferencia de los cuentos donde todo se resuelve solo, en este todo se habla de trabajo. Porque a los alemanes nos gusta trabajar.

 

Había una vez unos alemanes…

La historia de los Playmobil no inicia en la década de los 70 del siglo pasado, sino 100 años antes, en Fürth (Baviera), cuando en 1876 el alemán Andreas Brandstäter funda la compañía “Geobra Brandstätter” para producir artículos metálicos. Fabricaban Cofres y cerraduras, luego teléfonos y cajas registradoras, después piezas ornamentales y seguros (si, los que compras en la bonetería).

La compañía avanzó con los tiempos y al llegar 1954 cambiaron su producción hacia el plástico, enfocándose en la fabricación de juguetes (cochecitos y aros hula hoop principalmente). En 1958 un joven carpintero de Turingia (también Alemania), llamado Hans Beck, toca las puertas de “Geobra Brandstätter” en busca de una oportunidad. Aficionado al modelismo y las maquetas Beck obtiene un puesto en el área de aeromodelismo, donde se queda hasta 1971 cuando se convierte en el jefe de desarrollo.

Ese mismo año el dueño de la empresa, Horst Brandstätter, viendo como estaba de caro y escaso el plástico (había crisis petrolera) buscaba nuevas formas de reducir costos. Beck le propone crear vehículos de plástico más pequeños, Brandstätter acepta la propuesta y le pide crear autos con dos especificaciones:

1. Debía tener espacio para el piloto, es decir, para un muñeco que pudiera sentarse dentro del auto.

2. Tenía que ahorrar materia prima.

Durante los siguientes 3 años, Beck se dedicó a diseñar un juguete que fuera flexible (para superar a los tradicionales soldaditos de plomo), que cupiera en la mano de un pequeño, pero sobre todo que fuera simple. El inventor buscaba que su pieza fuera lo más parecido a la forma en la que los pequeños dibujaban la figura humana: cabeza y ojos grandes, sonrisa, sin detalles como nariz u orejas.

“Yo ponía figuritas en sus manos sin decir nada acerca de lo que eran. Ellos las aceptaron de inmediato (los niños). Inventaron escenarios, nunca se cansaban de jugar con ellas” narraba Beck sobre la forma en la que los niños aceptaron su producto en las pruebas.

Mientras Beck jugaba al ensayo y error, Horst Brandstätter tenía que luchar con la crisis financiera y los problemas de la compañía. La parte importante de esta historia es que Brandstätter no corrió a Beck pese a su tardanza, porque confiaba en él.

El resultado fueron 3 piezas (un caballero, un obrero y un indio) con forma humana, muy básica, de 7.5 cm (el tamaño ideal para guardarlo en el bolsillo). Cara eternamente sonriente con manos en forma de “U” (para tomar accesorios de todo tipo), pelo intercambiable y una serie de “Clicks” internos que la hacían movible y le permitían permanecer de pie. El Playmobil había nacido.

En 1974 se presenta por primera vez Playmobil en el salón de Núremberg. Como todas las novedades, no despertó el amor a primera vista de los inversionistas y compradores. Distribuidores y jugueterías decían que las piezas lucían “poco actuales” y eran muy caras. Por otra parte a los niños les encantó desde el primer día. En pocos años, la demanda llegó a superar las capacidades de producción de la empresa.

“Su éxito en ese momento nos salvó de la quiebra” admitió más tarde Brandstätter, sorprendido de cómo les había fascinado su producto a los niños. “La gente al ver una figura de Playmobil por primera vez se queda impresionada; parece tan simple. Los adultos no ven el valor de Playmobil inmediatamente. Su atractivo está en las historias que desencadena en las cabezas de los niños”, recordó el franconiano juguetero, que dejó este mundo el 3 de Junio de 2015 a los 81 años.

La empresa, siguiendo los principios de Beck (quien murió en el 2009), ha huido de vincular sus juguetes en películas o novelas infantiles: “Nada de horror, nada de violencia en primer plano, nada de modas pasajeras“. Pura imaginación.

Desde su lanzamiento en 1974 se han producido 2,7 miles de millones de figuras. Hoy, la empresa distribuye aproximadamente 30 temáticas diferentes a más de 100 países y da empleo a más de 4 mil personas. En 2013 facturó la cifra récord de 612 millones de euros y al momento tiene plantas de producción en Alemania, Malta, República Checa y España.

La moraleja de esta historia es: Si confías en las personas con las que trabajas, tal vez ellas te puedan hacer inmensamente rico.

 

 

“Todos ya vimos a Da Vinci, pero nadie ha visto la exposición de Playmobil. Vengan todos a encontrarse con su niño interno”

 

 

– Daniel Buchsbaum

La exposición de Playmobil en el MUJAM estará abierta del 11 de julio al 31 de agosto 2015, de lunes a viernes de 9:00 a 18:00horas, sábados de 9:00 a 16:00 horas. y domingos de 10:00 a 16:00 horas.

Habrá talleres y conferencias relacionadas al mundo del coleccionismo y con su boleto de entrada ($50 por persona) podrán recorrer también la exposición permanente del MUJAM, “la colección de juguetes más grande del mundo” que consta de más de 45 mil piezas en exhibición.

 

Texto y fotos: Edgar Olivares