María Félix, bonita, mexicana e inmortal

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El peculiar surgimiento de una diva mexicana, ícono femenino de la época de oro del cine mexicano y que, hasta la fecha, muchos la consideran como el estandarte de belleza, talento e historias entrañables en la historia del cine mexicano, reconocida a nivel incluso internacional.

Por Mario Mares

A pesar de llegar a ser una gran actriz, tener fama y reconocimiento internacional, María Félix no era de una familia privilegiada, pero tampoco en la pobreza; nació un día como hoy de 1914 al noroeste del país en Álamos, Sonora. Creció al lado de 11 hermanos –dentro de ellos el famoso Pablo, con quien sus padres creían que llevaba una relación incestuosa y lo mandaron al Colegio Militar, donde se pegaría un tiro poco tiempo después-y se mudaron a Guadalajara en su adolescencia.

Desde esa época la belleza de María relucía, y para entonces ya había ganado el concurso de su escuela, A sus 17 años se comprometió y tuvo su único hijo –Enrique Álvarez Félix-, aunque terminaría en divorcio, lo que la llevó a estar en boca de todos donde vivía, por lo que tuvo que mudarse a la capital.

Ahí, entre Madero y Eje Central, por cuestiones de azar María conoció a su futuro representante e impulsor a la fama el director cinematográfico Fernando A. Palacios, quien se le acercó a proponerle fama y dinero a cambio de un papel para una de sus películas. “No creía en el cine, ni tenía intención de hacer cine, para mí era una historia completamente inventada de este señor”, dijo María Félix en una de sus entrevistas, pero Fernando logró convencerla.

Pero fue hasta sus 28 años cuando protagonizó su primer filme “El Peñón de las Ánimas”, siendo el primer paso al estrellato y donde conocería a su futuro esposo Jorge Negrete. Gracias a su carácter, belleza e inteligencia, María Félix logró abrirse paso rápidamente y construir una reputación desafiante y orgullosa, lo que la llevaría a grandes colaboraciones y grabaciones por Europa en poco tiempo.

Durante esa época, también recibió ofertas incluso de Hollywood, pero como buena personalidad de carácter duro, rechazó los papeles por quererla rebajar a papeles secundarios que no la convencían o no tenían el protagonismo que ella buscaba.

A su regreso en México ya era reconocida como una personalidad mítica del cine, lo que le daba la libertad de elegir las cintas que ella quisiera, dando lugar a sus últimos cinco fructíferos años de carrera en la pantalla grande –aunque participaría 10 años después en una telenovela- y dejando un legado cinematográfico digno de darle el nombre de leyenda del cine mexicano.

Después de su retiro de la actuación, pasó su vida en eventos sociales, homenajes y opiniones de la farándula, aunque en los últimos años de su vida ofreció entrevistas sinceras desmintiendo o aclarando especulaciones de la opinión pública, llegando a su fin el mismo día de su cumpleaños 88 años después. Sin duda, una actriz llena de dolor, pasión y convicciones, parte característica de la historia mexicana que le otorga el honor de ser la “Doña” de México.

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