#GuíaCapital: Revolucionario por metro cuadrado, el monumento de la Tabacalera

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Para celebrar el 104 Aniversario de la Revolución Mexicana nos damos a la tarea de revisar de punta a punta la historia y anécdotas que se guardan en la Plaza de la República, ícono de la CDMX en la que podemos ver la combinación perfecta de elementos urbanos, arquitectónicos y escultóricos de los últimos 100 años de historia.

Para comenzar nuestro viaje debes saber que el Monumento a la Revolución no se creó con el fin de ser lo que nosotros conocemos. En 1897 el presidente Porfirio Díaz propone construir un Palacio Legislativo Federal que albergaría la Cámara de Diputados y la de Senadores, con motivo del centenario de la Independencia Mexicana que se avecinaba. El arquitecto francés Émile Bérnard es asignado para llevar a cabo la obra, apoyado por la mejor tecnología de la época (Milken Bros.) construye los cimientos y la estructura con acero procedente de Nueva York.


Porfirio Díaz coloca la primera piedra de septiembre de 1910, dos meses después estalla la Revolución y en 1911
 abandona el país rumbo a su exilio en Francia. Tras la salida del dictador, la construcción continúa hasta el 1912 y luego se detiene, pues el gobierno de Francisco I. Madero prefiere invertir en el combate de los sublevados que en la obra. Este periodo de nuestra historia quedó registrado en el museo de la revolución que se encuentra dentro del actual Monumento.

Al término de la Revolución, Bérnard trata de revenderle el proyecto (por así decirlo) a Obregón como un panteón para los héroes de la guerra, proyecto que es frustrado por la muerte de Obregón (1928) y la del propio arquitecto francés en 1929.

La estructura quedó abandonada y expuesta durante 2 décadas (1912-1932). Para 1921 los laterales de la imponente estructura de acero son desmantelados y para la década de los 30 se busca hacer de ella un complejo hotelero. ¿Por qué nunca vio a la luz este hotel? La forma en la que estaban colocados los remaches que unían el metal hacia que su desmantelamiento resultara más caro que dejarlo en pie.

En 1932 arquitecto y vecino de la colonia Tabacalera, Carlos Obregón Santacilia presenta un proyecto para convertir la estructura abandonada en un “Monumento a la Revolución”, recubriendo la estructura de acero neoyorquino con “chiluca”, cantera traída de Puebla, y piedra volcánica en los bordes. Su edificación dura de 1933 a 1938.

Obregón reinterpreta la estructura y los espacios otorgándoles un nuevo significado y rodea al nuevo Monumento de una plaza “… un espacio público en torno a la conmemoración de una revolución constante” y dedica: “A la Revolución, de ayer, de hoy, de mañana, de siempre”, frase que se planeaba estuviera inscrita en la cara principal del monumento, cosa que nunca paso.

El monumento también es un mausoleo: aquí se guardan los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas y Francisco Villa, este último fue el único que no fue presidente de nuestro país.

El artista plástico coahuilense, Oliverio Martínez (1901-1938) es el encargado de coronar la cúpula del monumento con cuatro grupos escultóricos (de 11.5 metros de altura) que representan los ideales de la Revolución y son:

Independencia: otorga las bases para el desarrollo con soberanía de los individuos en el territorio mexicano.

Leyes Agrarias: reparto de tierras para el sector campesino, educación para todos, elimina las tiendas de raya y deudas heredadas. 

Leyes Obreras: mejoran las condiciones laborales del trabajador, sueldo, bienes, salud y familia.

Leyes de Reforma: establecen estado laico, matrimonio y registro civil.


En la década de los 70 el elevador original de 1938 queda obstaculizado permanentemente
y el mirador público desierto, abriendo sus puertas nuevamente hasta el 2010, tras su remodelación. Ahora cuenta con visitas guiadas para ver la cimentación del edificio y la estructura del mismo.


A 52 metros de altura
, subiendo por el elevador panorámico o por las escaleras, llegarás a la primera cúpula, hecha de piedra y en donde se encuentra el deambulatorio y el mirador desde donde podrás ver gran parte de la Ciudad de México.

Hay una segunda cúpula echa de cobre patinado llamada “Linternilla”. Su nombre surge a raíz de que se planeaba que en la punta del Monumento surgiera una luz hacia el cielo que se pudiera ver desde toda la ciudad. El equipo para hacerlo existe y está instalado, pero no se enciende debido a que no se cuenta con la infraestructura de seguridad necesaria para aislar el cobre de la cúpula. Electricidad y metal no se llevan cuando se trata de seguridad, recuérdenlo siempre.

Para llegar a la Linternilla es necesario atravesar las 31 costillas de acero que forman la estructura de la cúpula. Verán que la cúpula es verde, esto se debe a que, al estar abandonado por décadas, la lluvia, viento, palomas y murciélagos hicieron de las suyas y como se pretendía conservar lo mayor posible se sometió a este procedimiento químico para preservarlo. Esa pátina le da el tono verdusco. La cúpula exterior no estaba igual de maltratada y se pudo restaurar su color original.

La Linternilla es el punto más alto del Monumento a la Revolución, está a 65 metros de altura. En ella se guarda la historia no contada de la cotidianidad revolucionaria de los capitalinos y chilangos de otras décadas, como nos lo cuenta Mariana Cedillo, anfitriona del monumento: “Los rayones y mensajes que se encuentran en la parte del mirador externo, los hacían personas que se subían a grafitear. Estaba prohibido, pero sobornaban al velador y podían subir. La protección que hay hoy en este espacio no existía en esas fechas, así que muchos osados caían al vacío al tratar de escribir sus mensajes”.

Entre otras curiosidades que podemos contar sobre esta parte se encuentra que:

  • La abolladura que podemos ver en lo más alto de la cúpula se debe al golpe de un rayo. Tranquilos, ya pusieron un pararrayos.
  • Desde este punto Juan O´Gorman pinta su obra “La Ciudad de México en 1949”.
  • Tiene uno de los dos elevadores de trayectoria curva que existen en el mundo (el otro se encuentra en un aeropuerto francés). Era de uso exclusivo para el presidente de México, hasta 1970. Antes sólo ellos tenían permitido subir a la ventanilla.

El monumento no sólo lo puedes ver en la colonia Tabacalera, al menos en esencia. Las obras escultóricas que debieron ornamentar el Palacio Legislativo con el que soñaba Díaz, están dispersas por la Ciudad de México, por ejemplo:

  • Las esculturas que representan “La Juventud” y “La Madurez” se encuentran en la entrada principal del Palacio de Bellas Artes.
  • El Águila que remataría la cúpula del palacio es la del Monumento a la Raza.
  • Los leones que flanquearían la entrada de esta obra que no vio la luz son los que hoy guardan la entrada al Bosque de Chapultepec.

Por último, un piloto español en la década de los 40 pasó entre los pilares del monumento con una avioneta para pedirle matrimonio a su novia. Se sabe que le quitaron su licencia para volar, pero no se sabe si su novia le dijo que sí.

 

Texto y fotografías: Edgar Olivares Álvarez.